El concepto de disgrafía
se mueve dentro de dos contextos:
- Contexto neurológico en relación con las afasias. En este apartado se incluyen las agrafias, que son
una manifestación de las afasias e implican anomalías del grafismo.
- Enfoque funcional, son el trastorno de la escritura que surge en los niños, y que no responden a lesiones
cerebrales o a problemas sensoriales, sino a trastornos funcionales.
La disgrafía es
un trastorno de tipo funcional que afecta a la calidad de la escritura del sujeto, en el trazado o la grafía.
Según Adelfo Tapia
Pavón llamamos disgráfico al que confunde, omite, une y/o invierte sílabas o
letras de forma incorrecta.
Consideramos como
disgráfico al alumno que comete dos o más tipos de incorrecciones, al que tiene las aptitudes mentales y sensoriales normales
y ha sido escolarizado.
El número de casos
es mayor en los niños, 60%, que en las niñas.
Para hacer un diagnóstico de la disgrafía es necesario el tener en
cuenta una serie de condiciones:
Capacidad intelectual en los límites de normales o por encima de la media.
Ausencia de daño sensorial grave, como los traumatismos motóricos, que pueden condicionar la calidad de la escritura.
Adecuada estimulación cultural y pedagógica.
Ausencia de trastornos neurológicos graves, como lesiones cerebrales, con o sin componente motor, ya que podría impedir
una normal ejecución motriz del acto motor.
El factor edad, también es importante. Algunos autores como Auzías (1981) tiene la idea de que la alteración de la
escritura no comienza a tener cuerpo hasta después del periodo de aprendizaje, que sería a más allá de los 7 años. Por eso
no se podría efectuar un diagnostico hasta esa edad.
LA EVOLUCIÓN DEL GRAFISMO.
Desde que el niño comienza a realizar los primeros trazos intencionados
hasta que consigue un control óculo-manual, hay un largo proceso. Gessel aprecia en la evolución del grafismo las siguientes
etapas:
15 meses. El niño trata de imitar un trazo escrito, frotando o golpeando el lápiz contra el papel.
24 meses. Realiza pequeñas marcas con lápices en el papel.
30 meses. El niño experimenta con líneas verticales y horizontales, con puntos y con movimientos circulares.
3 años. Puede copiar un circulo.
En la pintura, sus trazos son rítmicos y variados. Puede “leer”las ilustraciones de
un libro.
3 años y medio. Quizás muestre un ligero temblor en la coordinación motriz delicada.
Algunos reconocen “p” de papá, la “m” de mamá o la “J“
de Juanito.
4 años. Dibuja objetos con algún detalle.
Puede copiar un cuadrado.
Le agrada escribir su nombre con caracteres de imprenta en sus dibujos y comienza
a copiar.
Cuando pinta, trabaja con precisión durante algún tiempo.
Sus croquis y sus letras son aún toscos.
5 años. Dibuja el contorno de de algún objeto.
La agrada copiar formas sencillas.
Puede entretenerse haciendo letras dibujadas con pinceles sobre grandes superficies.
5 años y medio. Muchos muestran interés por aprender a escribir su nombre con caracteres de imprenta y por subrayar
mayúsculas y palabras en algún libro familiar.
6 años. Sabe escribir letras mayúsculas de imprenta, por lo general, invertidas.
7 años. Pueden escribir varias oraciones con caracteres de imprenta y tienden a ir disminuyendo gradualmente de tamaño
hacia el final de la línea.
En la evolución
del grafismo, se observa un lento dominio de la coordinación viso-motora, proporcionándole esto el paso de un etapa lúdica
o otra de intencionalidad controlada. Porque, como hemos visto, desde muy corta
edad el niño es capaz de copiar algunos grafemas, pero está aún muy lejos de conseguir, antes de los 4 años, una buena organización
de su motricidad. Y esto se debe, según Liliana Lurcat, a que hasta ese momento no es capaz de diferenciar entre dibujo y
escritura.
Así a partir de los 4 años aparecen los primeros grafemas reconocibles, pero dependerá de el modelo utilizado.
Lo que realiza el niño es una descomposición visual de los elementos más simples.
La gama de dificultades que el niño puede encontrar en la imitación ira desde pequeñas diferencias en la
reproducción a direcciones inadecuadas o grafemas irreconocibles. La permanencia de estos hábitos, si no se realiza una corrección
inmediata, favorecerá las dificultades en la escritura pudiéndose generar la aparición de alguna disgrafía.
La adquisición de la forma de las letras se completará durante el aprendizaje al que se somete al niño
durante su escolaridad. Ajuariaguerra distingue tres etapas:
Fase precaligráfica.
Ø El niño es incapaz de superar las exigencias de las formas caligráficas.
Ø Los trazos esta rotos, temblorosos, arqueados o retocados; las curvas
están abolladas, angulosas, mal cerradas; la dimensión e inclinación de la letra está incontrolada; las uniones son torpes;
la línea es irregular o descendiente bruscamente; los márgenes desordenados, etc.
Ø El niño al escribir se esfuerza por conseguir la regularidad pero no
lo consigue por incapacidad motriz.
Ø Esta etapa varía según las posibilidades motrices o intelectuales.
Fase caligráfica infantil. Se inicia sobre los ocho o nueve años.
Ø La escritura se aligera y regulariza; comienza a “inventar”
la uniones de las letras sin originar ninguna modificación; es frecuente el collage; las líneas son rectas, los márgenes se
distribuyen correctamente; parece haber llegado a un perfeccionamiento de estilo.
Fase poscaligráfica. La llegada a la adolescencia, la estructura de la personalidad, las exigencias de velocidad o
la economía del gesto son algunos de los factores que influyen en el proceso innovador que tiende a simplificarlos enlaces,
modificar las letras o a despojarlas de todo adorno. La escritura comienza en esta etapa a expresar ciertos aspectos de la
personalidad del individuo que no son fruto del azar.
En el proceso evolutivo
existen grandes diferencias entre individuos, también de carácter social y cultural.
REQUISITOS PARA
UNA EJECUCIÓN CALIGARÁFICA CORRECTA.
Para escribir correctamente
es necesario una serie de destrezas o requisitos básicos como:
Capacidades psicomotoras generales, como la inhibición y control neuromuscular, coordinación óculo. manual y organización
espacio temporal.
Coordinación funcional de la mano, que es la independencia de mano-brazo, de los dedos y la coordinación de la prensión
y la presión.
Hábitos neuromotrices correctos y bien establecidos, los más importantes son la visión y trascripción de izquierda
a derecha, y el mantenimiento correcto del lápiz.
Requisitos psicomotores implicados en la escritura, según Defontaine (1979):
Integridad de los receptores sensoriales, especialmente vista y oído.
Buena motricidad, pues si no hay un buen nivel motriz, y no domina los movimientos finos de dedos, no aprenderá los
signos escritores, ni podrá ordenar las letras en un espacio determinado.
Buen esquema corporal y lateralidad, ya que es necesario que el niño estructure y organice lo que ve, oye y siente.
Buen esquema espacial, gracias a este el niño aprende a reconocer el espacio, a orientarse, a evaluar las distancias,
las formas y a prever los movimientos que tiene que realizar.
Para realizar una ejecución caligráfica correcta, al empezar a escribir, el niño debe ser capaz
de:
Encontrar su propio equilibrio postural, y la manera menos tensa y fatigada de sostener el lápiz.
Orientar el espacio sobre el que se ha de escribir y la línea sobre la que se van
a estar puestas las letras – de izquierda a derecha.
Asociar la imagen de la letra al sonido y a los gestos rítmicos que le corresponden.